La tarde va cayendo y el
sol busca refugio más allá del horizonte, dejando que sus últimos rayos
acaricien el paisaje que suavemente se cubrió de nieve. Los árboles que se
vistieron con su blanco vestido de invierno miran hacia arriba esperando que
salgan las primeras estrellas de la noche. Hay silencio. Un silencio que
acompaña a mi alma y yo también espero a esas luciérnagas que noche tras noche
adornan mi cielo. Los copos de nieve vuelven a caer dulcemente y el abeto,
aquel abeto que hay en el camino hacia casa los recibe como dulce caricia.
Y sueño, y espero al pie
del abeto, porque sé que ese camino me irá trayendo a las personas que quiero,
para tomadas de la mano y mirándonos a los ojos, decir con cariño…¡Feliz
Navidad