Como una flor
¿Quién dijo que en una gota de lluvia no hay vida? La tomo en mi mano. Tan pequeña, tan delicada, tan espejo de lo que refleja y mi mirada y mi corazón entran suavemente en ella.
Hay colores que se mezclan, recuerdos de lugares por los que pasó, cuando era parte de una nube que surcaba los cielos como un pequeño bajel, observando lo que en nuestro mundo pasaba.
Y recogió el azul del mar, el blanco de las margaritas, el amarillo de los girasoles, la sonrisa del niño, las caricias de una madre... La luz del atardecer cuando el sol se escondía tras las montañas, la ternura de tu corazón cuando entre tus brazos me amabas...