Por la situación de la calle donde vivía, pertenecíamos a la parroquia de Madre de Dios, donde por obligación, todos los fines de semana me desplazaba a su Iglesia donde había recibido la catequesis, hice mi primera comunión. Posteriormente realicé la Confirmación.
Sus imágenes martillean mi mente, observo escenas conmovedoras de mi primera comunión llevando un traje gris marengo feísimo un peinado mas feo aún y unas luces tan potentes dirigidas a mis ojos que mantenerlos abiertos sin que saliesen las lagrimas era una tarea imposible, así que la foto fue horrorosa.
También observo la imagen en la iglesia, mirando hacia el coro de las monjas de clausura rezando y cantando sus oraciones tras esa gran reja, imaginaba algunas escenas que eran conmovedoras. Paseando por los pasillos del convento, por sus aposentos, viendo a esas personas tan espirituosas rezando y sin poder salir del recinto y permanecer toda su vida dedicadas a la oración.
Pasaban por mis ojos muchas escenas vividas en esa etapa, yo tendría entre 9 y 11 años. En esa época, ingresaría en el clan de los monaguillos de Madre de Dios, al mando de D. Virgilio y D. Marcos. Con ellos aprendería todo lo que ahora soy, con sus ejemplos y
comportamientos inculcaron unos ideales y sentimientos verdaderos, valorando al ser humano no por lo que se vuelca con su iglesia, más bien por el comportamiento con los semejantes.
Nuestras excursiones a la Hernita de los Ángeles y a las excavaciones del cerro Min guillar eran fabulosas. Se creó el teleclub para mantener una unión entre los jóvenes muy hermosa. Cuando recorríamos el Barrio de la Al medina tocando la campanilla para ir a dar la comunión a algún enfermo. A esa edad jugábamos por el Arco Oscuro o El Arco de la Consolación, cuando nos dirigíamos por el Barrio del Corralaz a la Iglesia del Salvador para decir misa, o un poco mas alejada la Iglesia de San Pedro y nos dirigíamos por el camino de las “laeras.”
Todo lleno de Pinos y basura, de casas que salían multitud de chiquillos como yo, pero me inquietaba ver a la mayoría descalzos y sin camisa o en pelota.
Esas viviendas que más parecían cuevas pues la mitad de la vivienda se perdía en la tierra y la otra mitad medio derruida. Eran los barrios del Corralaz, El Salvador y San Pedro, los mas humildes de mi pueblo.”
