Siempre seguía el mismo itinerario, Calle Nueva, Calle Llana, Subía por la calle el Moral pasando por la puerta de mi escuela “Don José Pierna gorda” en la esquina del Albaicín “ cuantos recuerdos me traen esa escuela, cuantos sábados de gallo con los botijos colgados, con las espadas de madera, el cuarto del patio para cantar la tabla de multiplicar, los corros que formábamos en torno a D. José con la regla de madera preparada cuando no contestabas correctamente la pregunta verdaderamente aquí se cumplía el dicho de la letra con sangre entra y llegando a la puerta de la Jefatura y al Paseo que lo cruzaba y me encaminaba por detrás del cuartel donde la cuesta se ponía un poco pesada asta que llegaba al colegio de la Milagrosa y hospital.
Seguía mi camino hacia la plaza de palacio, llegando a la sacristía que estaba situada bajo el arco que comunicaba el convento de clausura con las murallas del castillo.
Con mi edad y por el recorrido que hacia siempre iba en mi mundo de historias que me contaban los mayores y otras que las creaba yo mismo, unas caballeresca cuando llegaba a la fuente de la tela que estaba situada bajo las murallas del castillo y caminando junto a ellas recordando grandes batallas entre moros y caballeros cristianos que Vivian en lo mas lujoso de la villa que era la Al Medina en su época medieval con los duques de Sessa y señores de Baena en su palacio.
En la plaza del Coso, donde se reunía el ganado y el grano para su venta y se encontraba en los extramuros del castillo.
Otras veces recordando la sangrienta guerra civil, que por cierto y según me contaba mi madre, por la calle el Moral en dirección al paseo, bajaba un riachuelo de sangre asta la calle Llana debido a la cantidad de gente que fusilaban en el paseo y allí los cadáveres se amontonaban en la plaza. Lo curioso de esta historia es que yo no la viví y siempre en estos sucesos hay dos versiones, así que yo respeto a las dos.”
Cuantas Semanas Santas he visto desde el lugar que me encuentro, me imagino el escenario donde se realiza la eterna escena de Adán y Eva en el paraíso y yo me encuentro bajo su improvisado escenario que cada año se monta en el lugar donde estoy viendo amanecer, en una mañana del mes de Agosto con mi proyector mental a cuestas viendo sus secuencias inolvidables.
Imaginando que podemos
vivir como imaginamos,
que lo deseado tenemos
que nada más deseamos
porque desear no podemos.
Lo que soñamos ayer
imagina realidad,
que realidad es querer,
lo que se quiere de verdad
aunque nunca pueda ser.
La vida de aquel que sueña
Es mejor que la otra vida
Porque en su sueño se adueña
Y acaricia y ve crecida
La ilusión que fue pequeña
